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Aprender y entender lo que otras personas creen es verdaderamente fascinante.  A veces, hasta las personas que creemos conocer bien nos sorprenden cuando expresan su opinión acerca de algún asunto.  Nuestra reacción a estas opiniones contrarias revelan muchísimo nuestro nivel de madurez y la clase de personas que somos. ¿Cómo reaccionamos ante opiniones que difieren de las nuestras en asuntos importantes? ¿Tendemos a reaccionar con calma, juzgando con calma la evidencia que se nos presenta, aceptando fríamente la conclusión a que apunta? ¿O resulta que ciertas emociones tienden a escudarnos de ciertas conclusiones indeseadas? ¿Que tal si estas emociones nos llevaran a rechazar verdades importantes en nuestras vidas?

El que la verdad frecuentemente duele es un hecho. Pero, a fin de cuentas, creo que la mayoría de nosotros la prefiere. ¿Por que será entonces que, después de tantos miles de años de historia humana, parece tan difícil arribar a un consenso en tantos diferentes temas?  Los psicólogos han sabido por años, incluso por varias décadas, que nuestras mentes cuentan con ciertos atributos distorcionadores que tienden a hacernos errar en nuestra búsqueda de la verdad.  Incluso, sorprendentemente,  hasta en asuntos de muy poca monta todos tenemos una tendencia a ser mucho menos imparciales de los que creemos.

Los filósofos usan el termino epistemología para referirse al estudio del conocimiento. Así es, por ya muchos años algunas de las mentes más brillantes han tratado de definir, entender, y explicar lo que es el conocimiento, cómo funciona, cuales son nuestras limitaciones y cual es nuestro potencial a este respecto.  Yo no pretendo entender todo lo que tiene que ver con esto, ni de cerca. Aun así, es probable que yo sepa más de este asunto que la mayoría de las personas (por el simple hecho de que la mayoría de las personas no se molestan en pensar en estos asuntos).

Podemos comparar la capacidad de nuestros cerebros de almacenar y organizar información a una base de datos digital, aunque hay que admitir que es una mucho más avanzada. De modo que, por ejemplo, podemos decir que una de las categorías de información más importantes de nuestro cerebro es la que contiene “hechos verídicos”.  Catalogados en esta categoría encontramos el conocimiento que tenemos de que estamos vivos, de que necesitamos agua para vivir, que estamos envejeciendo. Sin embargo, es sorprendente lo difícil que es expandir esta lista de una manera en que todos concuerden.

Por ejemplo, algunas personas clasifican el calentamiento global como un hecho verídico. Otras personas no se inclinan a creerlo. Algunas personas creen que el aumento de la privatización o comercialización es algo benéfico. Otros no están de acuerdo. Algunas personas creen que la Biblia es la infalible palabra de Dios. Otras no. En fin, ¿por que es esto así? ¿Cómo es que estos asuntos son catalogados como “hechos verídicos” por algunas personas y no por otras?

Pues bien, analicemos ahora (de manera muy simplificada) algunas de las maneras más importantes en que obtenemos conocimiento.

Conocimiento por Autoridad

Básicamente, este es el conocimiento que aceptamos como verdadero porque lo recibimos de fuentes en las que confiamos. Tener la confianza de que las personas allegadas a nosotros nos dicen la verdad es una actitud normal y saludable, especialmente en el caso de los que están en posiciones de autoridad a nuestro alrededor. Hay tanto que aprender en la vida que todos nos vemos en la necesidad de apoyarnos en otros al catalogar ciertas ideas como falsas o verídicas. Los niños dependen de los adultos en sus vidas para formar su perspectiva del mundo. Los estudiantes se apoyan en sus maestros. Los maestros se apoyan en historiadores y científicos. De hecho, me atrevo a decir que la mayor parte del conocimiento importante que tiene la vasta mayoría de la gente hoy día ha sido adquirido de esta manera.

Aun los historiadores y científicos tienen que depender de sus colegas y del gran legado de conocimiento que ha sido transmitido por sus antecesores para determinar lo que consideran cierto en sus campos de actividad. ¿Significa esto que los historiadores y científicos creen todo lo que sus colegas han aceptado? Claro que no. De hecho, entre todas las personas, esperaríamos que ellos serían los mejor preparados para discernir cuando cierta información que se les ha transmitido como verídica es en realidad falsa. Sin embargo, esto no es siempre fácil de hacer.  Se ha sabido que en ocasiones aun ellos han creído falsedades.

Una clave para entender como puede esto suceder es el hecho de que entre más peso demos a la autoridad de una persona menos probable es que la cuestionemos.  Si, por ejemplo, creemos que nuestros padres dicen siempre la verdad, lo más probable es que les creamos cuando nos dicen que Santa Claus existe y que nos traerá regalos cada invierno si somos buenos niños. Tendemos a dar más peso a algo escrito en un libro por una autoridad que a una pagina al azar de la Internet. Desgraciadamente, solo aceptar información de fuentes autoritativas no siempre lo exime a uno de recibir información falsa.

Un famoso ejemplo es el de Aristóteles, considerado por muchos como una de las personas más inteligentes que jamás haya vivido.  En su libro “A history of knowledge” (“Un recuento histórico del conocimiento”) Charles Van Doren escribe que “Aristóteles nos enseñó a razonar sobre el mundo que vemos y conocemos: inventó la ciencia de la lógica…, la idea de dividir la ciencia en campos que se dividan tanto por su objeto de enfoque como por sus métodos …” Pero, a pesar de estos y muchos otros logros, según Van Doren, “la negativa generalizada de Aristóteles y sus influyentes seguidores de aceptar la ley de la inercia estuvo plantada como un obstáculo para el desarrollo de la física por dos mil años.”

Con el tiempo, los científicos pudieron ver más allá de la autoridad de Aristóteles basar sus conclusiones en cuanto a la inercia, no en palabras autoritativas, sino en la evidencia que tenían ante ellos. De la misma manera, tarde o temprano todos nos damos cuenta de que en realidad Santa Claus no existe. La evidencia que refuta esta idea es tal que nos vemos obligados a cambiar nuestra creencia (si alguna vez la tuvimos). Dentro de nuestro cerebro, tomamos el archivo de Santa Claus y lo arrojamos al cesto de mentiras. Y es así como llegamos a la segunda manera de obtener conocimiento que me gustaría considerar.

Conocimiento Evidenciario

Podemos definir al conocimiento evidenciario como información que ha sido demostrada correcta de manera convincente, incluso a veces inesperadamente. Dicho de otra forma, este es el conocimiento que aceptamos como verdadero, no porque de alguna persona con autoridad, sino porque cierta evidencia nos ha convencido de su veracidad. Esta evidencia puede ser tan sencilla como la experiencia personal. Por ejemplo aceptamos como verdadero el hecho de que “hay muchos problemas en el mundo” porque nosotros mismos quizás hayamos experimentado algunos de estos problemas.

Pero la experiencia personal no es siempre necesaria. Supongamos que usted haya vivido una vida privilegiada y resguardada de cualquier dificultad. ¿Podría usted llegar a aceptar el hecho de que “hay muchos problemas en el mundo”? Claro que sí. Usted podría llegar a esa conclusión al observar que muchas otras personas en el mundo si tienen muchos problemas. La evidencia de “hay muchos problemas en el mundo” es suficientemente convincente para cualquier persona.

Una manera más formal de adquirir conocimiento es mediante el método científico. Esto se hace con el objetivo de obtener conocimiento más confiable que el que se obtiene por simple observación o por experiencia personal. En términos generales, el método científico consiste en la observación algún fenómeno, la formulación de una hipótesis para explicarlo, el concebir ciertos experimentos para probar o refutarla, y la elaboración de una conclusión basada en los hechos.

¿Por que se necesita el método científico? Bueno, pues porque la experiencia ha demostrado que el conocimiento que se obtiene por simple observación o por experiencia propia puede ser engañoso y llevarnos a conclusiones erróneas. Por ejemplo, el dejarse llevar por la observación sencilla llevó al hombre a creer que el Sol y los planetas giraban alrededor de la tierra, una tierra asentada de manera estática. Con el tiempo, mediante cálculos matemáticos y deducción varios hombres pudieron notar que había problemas con esa idea. Sin embargo, una explicación convincente y satisfactoria los eludía. No fue sino hasta la llegada del telescopio y la abundancia de evidencia verificable que esto trajo que la verdad se pudo discernir. Ahora era posible usar el método científico para poner a prueba los movimientos celestes que un sistema solar heliocéntrico produciría. Y por su puesto, encontraron que esto era así. ¡Ahora lo podían probar!

En teoría, todo el caudal de conocimiento científico debería estar compuesto por este tipo de conocimiento verificable. Desgraciadamente, como dije antes, aun los científicos han sido víctimas de conocimiento falso. ¿Como es esto posible? Bueno pues para empezar, recordemos que los científicos también son humanos. Fácilmente, por ejemplo, ellos pudieran pasar por alto alguna pieza de evidencia clave. O pudiera ser el caso de que cierta pieza de evidencia que examinaron fue falsificada o mal interpretada. Pudiera ser el caso también de que cierto sesgo inconsciente distorsione su percepción de la evidencia ante ellos.

El resultado de este último efecto, el poder que tienen los sesgos y los prejuicios de ofuscar nuestra percepción será el tema de otro articulo de mi blog. Mientras tanto, ¿porque no nos ponemos a prueba todos para ver como reaccionamos al enfrentarnos con opiniones diferentes a las nuestras? Permítanme dejarlos con un desafío. ¿Por que no aborda a algunas personas para pedir su opinión en algún tema candente relacionado con la moralidad, la política, o aún sí, la religión? Por favor, sea respetuoso y trate sinceramente de entender las razones por las que la otra personas tiene alguna opinión. Si al hacer esto usted llega a tener una experiencia inesperada o hasta una revelación sorprendente, me encantaría escucharla.

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